26 jun. 2016

Alas de poemas (poesías)

Alas de poemas

I
El viento acuna almas
y  ya no lloran
acarician la tierra
amores contrariados
fortalecidos
florecen de semillas.

  II
Azules verdes rojos
luces sin sombras
despabilan senderos
salvajes amarillos
puros azules
pétalos encendidos.


III
La oscuridad y una breve luz
hasta donde se puede llegar
pero no se llega
una línea semioculta 
marca nuestro horizonte.


IV
Alas de poemas
seducen
desbordan aletargados
sin pretensión de destino
la lluvia extiende diamantes
los trinos se conjugan en lenguas perfectas.

V
Romance de la brisa
eriza la piel
desnuda los amores.

Esperanza no es un nombre
no es palabra
es esencia de vida.



Los pompis (fragmento)

¿Cuándo se perdieron los sentimientos?

Como ya dije, en el vivero vivían cientos de pompis; algunos, eran bailarines, otros escritores o poetas, los había deportistas, diseñadores de sombreros y otras múltiples profesiones importantes para los pompis. Ellos sí sabían sobre Paloma y sus cualidades artísticas.  Pero ninguno estaba dotado para pintar como ella lo hacía.

-¡Enseñános a pintar! –rogaban a Paloma los pompis de las lilas.
-¡Nosotros también queremos aprender! –se animaron los pompis de los cactus.

 Y así nació la idea de que Paloma enseñe su arte. A su escuela de pintura asistían muchos interesados, incluso de jardines vecinos.

Un día llegaron al vivero unos macetones repletos de orgullosas achiras o lenguas de dragón, como también se las conoce. De color rojo, amarillas, y multicolores, colmadas de pompis altivos y poco sociables.

La comunidad del vivero no recibió con agrado a los recién llegados. Ellos tampoco se acercaron para conocerse y, al poco tiempo, comenzaron algunos problemas. 
Los pompis de las alegrías del hogar un día llegaron a sus  flores y sus vestidos rojos no estaban. Los pompis de los malvones, tan comunicativos, trataron de mediar para encontrarlos. Fueron de flor en flor preguntando y averiguaron que los pompis de las achiras los habían tomado prestados, sin pedir permiso a sus dueños.
-¡Eso no se hace! –les dijeron- ¡Deben devolverlos!
-Los devolveremos luego de usarlos -contestaron.
Y eso, no le gustó a nadie.

Después, los pompis de las achiras organizaron una fiesta y no invitaron al resto de las comunidades. Usaron los vestidos de los pompis de las alegrías del hogar. La música se escuchaba en todo el vivero, había gran baile y diversión.

Esto tampoco gustó a los pompis del vivero.

Nuevamente, los pompis malvoneses intercedieron.
-Demos una fiesta nosotros e invitemos a todos, incluso a los recién llegados, así tendremos la oportunidad de hablarles –propusieron.
-¿Están sugiriendo que vengan esos pompis que todavía no nos devolvieron nuestros vestidos rojos? –dijeron los pompis de las alegrías- ¡Ni lo sueñen!
-¡Nosotros tampoco iremos! –agregaron los de las camelias y las amarilis.
-¡Ni nosotros! –gritaron los de las azaleas.
Y todos se disgustaron con los pompis de los malvones, porque no los entendían.

Ese día algunos pompis del vivero empezaron a hablar lenguas distintas para no comunicarse con los de los malvones y los de las achiras. Otros, directamente, no hablaron más.


20 abr. 2013

Próximo evento

El 4 de mayo de 2013 presentaré mi libro de cuentos para adultos “Pasaje a destino y otros relatos” y mi libro de poesía “Sentimientos”  a las 18:30 hs en la Biblioteca  de Castelar. (Martín Irigoyen 520). Será un grato momento de lecturas y música, la entrada es libre y gratuita.

Sentimientos


"Sentimientos”  tiene el valor de haber surgido de vivencias cotidianas íntimas, a veces simples, como el placer de descansar bajo un árbol a la orilla del río, la posible historia contenida en las pinceladas de un cuadro, la magia que encierra la caída de las hojas en otoño, o algunas no tan inocentes que permiten vislumbrar un destino oscuro para la humanidad si avanza sobre el camino de su propia destrucción.
Luego de repensar los cuentos de “Pasaje a destino y otros relatos”, pude observar la coincidencia de algunos de ellos con esas ideas y me animé a conectarlos. Esa fue la punta del ovillo para intentar  reunir esos pensamientos y divulgarlos. La publicación de “Pasaje a destino y otros relatos” me obligó, en cierta forma, a permitir que “Sentimientos”  viera la luz. Al expresarme, me he tomado licencias. No pretendo ser poeta, pero me aprovecho del verso, la metáfora, a veces de la rima y de otros recursos de manera espontánea, pero mi objetivo no deja de ser la sencillez y la humildad para expresarme.
Algunos de estos trabajos fueron publicados en medios locales, han sido seleccionados en distintos concursos de poesía y recopilados en antologías  junto a los de otros autores de distintos países del mundo. Por ejemplo, aquel que comienza: “Vengo de la nada, mi alma estaba en blanco…”, ha sido publicado con el título “Te quiero” en la antología “El tiempo dormido”, que reúne quince poemas elegidos por la editorial Puente de Letras (León, España) en el año 2010. O los II, III y IV de “Almas eternas” han sido seleccionados en el concurso “El mundo tiene alas” y publicados en la antología  con ese mismo nombre en Florida, Estados Unidos de América en 2011, (en este caso titulé a las poesías “Almas perdidas”), y aquel que comienza “Llegará el día en que descubra mi horizonte…” fue publicado en Francia, en la revista “La porte des poètes” con el título “Mi tiempo circular” en ese mismo año.  En fin, estas son mis aventuras, llegar con las palabras lo más lejos que se pueda, y como es todo un desafío, me provoca.
Y quién no sabe que cuando algo nos provoca es muy difícil evitar la tentación de hacerlo…, por eso doy rienda suelta a mis “Sentimientos”  para que lleguen hasta donde ellos quieran.
                                               
S.G.F.


Algunas poesías de “Sentimientos”


Llegará el día en que descubra mi horizonte
los caminos dorados se extiendan
la hierba clara se deshaga en perfumes
y yo al ángel de mi hora encuentre
sea él quien me acompañe
en mi camino circular
y el cristal del tiempo me revele
el significado de la eternidad.

Ese día la brisa parecerá suave
levitaré en su mítico silencio
surcaré estrellas más allá de la noche
y al final del día, embelesada
quizá comprenda
a quiénes alguna vez creyeron en sirenas
unicornios, duendes o  hadas.
Llegará el día en que el invierno sea primavera
en que el ave ya no vuele solitaria
en que pueda habitar el mundo sin ser vista
en el que en sueños plácidos y, aún ausente
esté presente al despuntar cada día.

Y todos  se pregunten, o tal vez nadie
¿quién ha sido?
¿cómo ha podido llegar hasta aquí este ser celeste?
                                           y se quedarán pendientes…
No hay poder terrenal
ni ciencia
que permita adelantar una respuesta.
Pero llegará el día
y entonces escogeré
para mi último sueño mi mejor recuerdo
y sin angustia, sin prisa, sin miedo
dejaré que mi último suspiro sea.

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La miro y veo una sola cara
aunque depende del ángulo
pueden ser varias
tiene boca que pronuncia palabras difíciles
se alimenta y engorda
y ojos
que cerrados mienten fácil
pero abiertos, sus ojos son certeros
también tiene manos, con frecuencia ásperas
que  extendidas pueden ser solidarias.
La piel
es de mujer sensible, clara,  apetecible
intocable …
puede disfrutarse o lamentarse.
El cuerpo…
no es abstracto, sin forma
a veces duele verlo arrastrarse entre las sombras.
Amar, odiar
ayudar, olvidar
comprender, perdonar, castigar…
pesan
son sus verbos.
No  quiere ni debe ocultarse
puede ser mejor.
Nos envuelve
nos supera
nos atrapa
trabaja para no morir
permanece inmune atravesando miserias
se construye
como si fuera un camino.

Es la realidad
mi calvario, mi fortuna, mi destino.

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La Tierra, herida, llora
pasmada, escupe sus miserias.
Anochece…
patética pesadilla del hombre
habitante en su caverna de sombras.

Y era
brillo y remolinos sobre el agua clara
las montañas,
paraíso y hierbas
el verde, horizonte infinito
el mar, canción eterna.

Besa, la brisa suave invita
a las golondrinas de la esperanza.

Amanece
la Tierra, herida, quiere olvidar su llanto
sus lágrimas, ángeles poetas
como gotas de lluvia
anuncian
estremecen en su lengua:
“el tiempo es hoy”.
Sus alas son palabras que sacuden
hasta el más infecundo grano de polvo
por imperio único de su anhelo
la luz renace
y el aire se vuelve puro.
La Vida, en sus fauces, grita…
Su grito se hace voces…
                        “¡Jardín de ensueños, Tierra bendita!”

Pasaje a destino



sin misericordia del hombre por el hombre
un camino de ida
en las puertas del abismo
la humanidad se pierde, se devora
se autofagocita…


“Versos apocalípticos”,  fragmento.

Pasaje a destino


Querido amigo:
Hace mucho que no nos vemos ni hablamos, pero no fue mi intención, le aseguro. Me mortifica que haya pasado tanto tiempo sin noticias mutuas. Mi vida siguió prácticamente igual desde la última vez que nos vimos. Me enteré por conocidos que está viviendo y trabajando en Inglaterra, tal como siempre había deseado. Supe también que está teniendo mucho éxito con sus investigaciones, y ésa es la razón por la que he decidido comunicarme con usted. Una amiga de ambos, me pasó su dirección y teléfono. Mi primer impulso, no lo niego, fue llamarlo; en verdad lo pensé. Pero es sabido que ciertos temas no pueden hablarse por teléfono y, a veces, hasta es difícil escribir sobre ellos. Necesito contarle algo. A pesar de la distancia, usted es la persona que mejor me conoce.
¿A quién puedo comentar, por ejemplo, que suelo tener experiencias inexplicables para el común de la gente? Sensaciones de presencias y voces, visiones perturbadoras, gritos de lamentos lejanos. Estas circunstancias habituales para mí, serían imposibles de compartir con cualquier otro ser humano. Recientemente, uno de esos hechos se manifestó cuando menos lo esperaba, y desde entonces no he podido recuperar la paz. Una mujer se me acercó. Sus ojos transmitían dolor y derramaban lágrimas de sangre. “Están devastándonos…”, dijo, y se quedó allí, frente a mí, buscando consuelo, supongo. Mi actitud fue piadosa, condescendiente; sentí a su vez  angustia e impotencia. Nadie más que yo percibía su tristeza, su soledad; mientras, el resto de la sociedad a nuestro alrededor continuaba  indiferente, desbordada por sus propias necesidades, con la ceguera del que no puede ver. Sin embargo, no debo culparlos; soy consciente de que la mujer y yo estábamos inmersos en un plano inaccesible para ellos. A pesar de no conocerla, pude entender su sufrimiento, ese instante eterno y sentido que estábamos compartiendo. La vida ya no sería igual para ninguno de los dos, producto de esa unión perfecta que nuestras almas habían experimentado. Aunque quizá nunca volviéramos a vernos, la forma en que nos habíamos comunicado, sin duda, había superado esa barrera que a veces existe entre los seres y los anula espiritualmente.
Visiones como éstas me atormentan. Las  he subestimado hasta ahora, por creer que sólo están dentro de mi imaginación, como si se tratara de una enfermedad o de un castigo, pero no es así. Debo encontrar su significado. Ignoro por qué se presentan pero, sin duda, se trata de  mensajes que debo escuchar.
El sábado pasado me invitaron a una exposición  en la galería de arte de unos amigos. El tema, paisajes de la puna. Usted conoce mi afición por la pintura. He intentado dar algunos trazos, aunque creo que sigo siendo mediocre. De todos modos insisto, pues me apasiona. Mis cuadros son abstractos para algunos,  no para mí. Las ideas me persiguen hasta que están plasmadas en la tela; sólo entonces logro cierta paz interior. Quizá algún día me anime a exponer mis obras; por el momento he decidido no hacerlo.
Bueno amigo, espero no estar aburriéndolo demasiado. El caso concreto es que estaba recorriendo la muestra, cuando de repente un cuadro en especial atrajo mi total atención. Un niño jujeño en Tilcara. Una pintura reciente de un autor desconocido para mí. Tanto me impactó que no pude evitar comprarlo y llevarlo a mi casa.
 Sé que es Tilcara, ya que el título de la obra así lo indica. Jamás he estado allí, aunque creí reconocer el lugar. El niño, de unos 7 u 8 años, me sigue con los ojos. Sus manos pequeñas, curtidas, su cabello lacio y oscuro, su piel tostada. Lleva uno de esos sombreritos de abrigo con orejeras para el frío, y un poncho de lana de vicuña o alpaca, muy gastado. Sus pies, descalzos. No está sólo en el cuadro; una mujer (¿su madre?) está sentada cerca, aparentemente tejiendo en un telar. Alrededor, un caserío, montañas coloridas, el cielo diáfano. La mujer mira el tejido; el niño, sólo a mí. Trato de alejarme, de tomar distancia,  pero la criatura me implora ayuda con su mirada.
Yo sé que hay técnicas de pintura para esto, es decir, sin importar el ángulo, el espectador cree que el personaje siempre lo está mirando. Pero esto es diferente, el niño no sólo me mira, quiere decirme algo.
Aunque trato de continuar con mi vida, no puedo quitar de mi pensamiento esa cara. En mi casa o fuera de ella, la visión continúa presente. También en mis sueños. Voces desconocidas e imágenes se me  presentan y ocupan gran parte de mis horas. Mis pinturas se han tornado muy monotemáticas y oscuras. Todo parece efímero, sin importancia, excepto ese rostro y esa mirada.
Siento un gran vacío dentro de mí. Los amigos circunstanciales no pueden ser de ayuda en este momento. Mi realidad es otra, no puedo huir de ella. Ésta es la razón por la que le escribo. Prometí y cumplo. Le dije que en cuanto algo especial sucediera, usted sería el primero en saberlo. Desde hoy lo mantendré informado, doctor. Mañana viajo a Jujuy. Quizá me quede allí, en el pueblo donde vive el niño. Usted sabe, Buenos Aires no me ata.
Algo me indica que estoy en el camino correcto, si bien no he recibido señales sobre mis próximas acciones. Anoche me vi, caminando junto al niño, en Tilcara. 

                                                     Un gran abrazo
                                                                 Andrés

30 oct. 2011

Dar a luz con la palabra


por Silvia Graciela Franco


Quienes somos lectores antes que escritores podemos coincidir en que un libro, un cuento o una poesía surgida del alma pueden traspasar los límites físicos del papel impreso para abordar misteriosamente a aquel que está posando sus ojos sobre el escrito. Pueden penetrar su piel, surcar sus venas e instalarse en algún rincón de su pensamiento. Y tal vez, cuando crea que la ha olvidado, la idea reaparece para hacerle compañía. Es que, sin saberlo, el escrito se ha desprendido de su autor o autora, para transitar insondables destinos, hasta tal punto de que los lectores muchas veces recreamos su contenido, dándole vida propia, acordando o no con su creador; así, la obra consigue tener autonomía artística, podría decirse.

La presentación de un libro es, con toda intencionalidad, un acto de entrega, de esperanza y alegría, es como un nacimiento. Duele, al ser un trabajo duro que surge de las entrañas más profundas de los sentimientos de un ser humano; también intimida, porque desnuda al escritor; y compromete, al pretender que haga huella en el camino de quienes lo reciben. Es un acto solidario, el de compartir la palabra. No necesariamente el escritor espera aprobación, pero sí que genere algo…duda, nostalgia, empatía, contrariedad… Esto es lo positivo, que la palabra movilice y provoque.

El pasado 10 de septiembre presenté mi cuarto libro (el segundo infantil) en la Biblioteca “9 de Julio”, y como en otras oportunidades, fue un momento de gran carga emocional junto mi familia y la gente querida que me regaló la vida. Por eso estoy muy agradecida y feliz, ya que la felicidad es eso, justamente. La suma de pequeños espacios, joyas de tiempo disfrutado.

¿Qué pienso en oportunidad de la presentación de un libro? Es muy difícil de explicar… Algunas preguntas no dejan de batallar sin descanso: “esto que escribo, ¿será interesante para alguien más?”, “¿será conmovedor?”, “¿podré conectarme con el lector en el camino de las palabras?”. Siento también, en cierta forma, algún pudor, porque escribir y hacerlo público es mostrarse. Ya no seré yo sólo para mí misma, sino que se develará mi ser interior; más allá de mi contorno, se sabrá de mi esencia.

Cuando nos reunimos para la presentación de un libro o, simplemente, para compartir nuestros escritos, no puedo evitar evocar el ayer. Lugares como la casa de Mariquita Sanchez o el “Café de Marcos” y, ya entrado el siglo XX, emblemáticos bares y cafés, como “La armonía”, el “Tropezón”, “Los Dos Chinos”, “El Ateneo”, “Signo”, “Los Inmortales”, “El Tortoni”, y tantos otros; sin duda, en ellos se despertaron vocaciones y se revelaron talentos. Durante muchos años, ecos y voces de múltiples protagonistas han engrosado la nutrida historia del libro, y conseguido la necesaria conexión entre el lector y el escritor. Y aunque surgiera entre algunos ciertas discrepancias, esto no dejaba de ser beneficioso. Allí, inolvidables maestros lograron apasionar al público, y fomentar la literatura argentina. Nuevos lectores pudieron encontrarse a sí mismos dentro de las palabras. Porque esto es lo mejor que puede sucedernos a quienes escribimos: no pasar desapercibidos.

Por eso, creo que hoy nos reunimos para continuar siendo parte activa en el devenir de nuestra propia historia. Un café literario, un taller de lectura, de escritura o narración, una exposición de obras plásticas, toda expresión cultural contribuye a la comunicación, a la valoración de nuestro pasado y nos ayuda a repensar el presente. Sólo se necesita de la ambientación espiritual de la concurrencia, de la obra, de su autor o autora, y entonces no importa el lugar. En librerías, bibliotecas, restaurantes, confiterías, plazas, teatros o casas particulares, hoy como ayer, la presentación de un libro, la lectura, el arte, merecen una celebración que siempre involucra aplausos y brindis de alegría, porque son una muestra, una garantía de que la palabra está viva.