El pez Hada
Autora SILVIA GRACIELA FRANCO
Sandro, el pez más
dorado, era muy popular entre los de su especie. Sus compañeras lo encontraban
irresistible porque no había muchos que tuvieran ese color tan especial de
escamas, un brillo cegador y penetrante. Además, danzaba entre los cardúmenes
como si llevara la música en el cuerpo. Sin duda, había nacido para ser
bailarín.
Félix, el delfín, solía
acompañarlo en sus acrobacias marinas. Saltaba fuera del agua mientras él se
deslizaba con su cola hacia atrás o hacía sus vuelos ascendentes.
La ballena Marta, de
mayor experiencia, desparramaba chorros gigantescos de agua con la intención de
que llegaran hasta el cielo. Estaba orgullosa de pertenecer a un grupo casi
perfecto, capaz de hacer felices a todos.
Pero, a veces, sentían
nostalgia de otros tiempos, especialmente cada vez que un nuevo compañero
llegaba al acuario y se enteraban de las noticias del fondo del mar. No les
faltaba alimento, querían mucho a Patricia, su entrenadora, que los
llenaba de mimos y, aunque
podían percibir el cariño de la gente, añoraban su libertad.
Un día, llegó un pez
nuevo.
-¿Cómo te llamás? -le
preguntó Sandro.
-Yo soy Hada.
-¿Y de dónde sos? –quiso
saber Félix.
-Del océano –contestó el
pez Hada.
-¿Cómo te trajeron?
–preguntó la ballena Marta.
-Vine por mi cuenta, para
conocerlos.
Los amigos se miraron; no
entendían cómo se había enterado el pez Hada sobre el acuario y sobre ellos si
jamás se habían visto antes.
El pez Hada comenzó a
participar en los shows y, poco a poco, los fue convenciendo de lo maravilloso
que sería poder regresar al majestuoso océano.
Marta ya no lanzaba el
chorro tan alto, Félix no saltaba en círculos hasta el cielo y Sandro estaba
tan nervioso que comenzó a opacarse.
-¡Qué les pasa a mis
animales! –gritaba enojado el dueño del acuario- ¿es que no los están
alimentando como corresponde?
Hasta que llegó el día en
que para Marta, Felix y Sandro la comida dejó de ser importante.
Patricia sospechó lo que
sucedía. Supo que estaban muy tristes y no fue difícil descubrir la razón...
El pez Hada la miró a los
ojos y le pidió que abriera la barrera que los separaba de las profundidades
del mar. Entonces, los amigos enloquecieron de felicidad, daban vueltas y
volteretas, se cruzaban y nadaban con gran alegría en su afán por ir más lejos
y reencontrarse con todo aquello que extrañaban desde hacía tanto tiempo.
Ahora, el que quiera
verlos, tiene que contratar una lancha, internarse en el mar y desafiar a las
olas. Marta, Sandro, Félix y Hada allí los están esperando.
